Cuarto Oscuro

Las escuelas de Nicaragua cambiaron educación sexual por propaganda política

Mined reemplaza el enfoque de género y la prevención de la violencia por el adoctrinamiento político.

El Mined reemplazó el enfoque de género y la prevención de la violencia por moralismo, abstinencia y
devoción institucional. Esto lo revela la investigación de Galería News y La Sala, Mujeres en la
Redacción| Por Redacción Central.

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A primera vista, los documentos oficiales del Ministerio de Educación de Nicaragua (Mined) no muestran una quema de libros ni una prohibición explícita de la palabra “sexualidad”. En las páginas de  los libros de la escuela todavía se enseñan los nombres correctos de las partes del cuerpo, cómo funciona el organismo y cómo prevenir enfermedades de transmisión sexual.

Sin embargo, una revisión de las cartillas educativas realizada revela una transformación más profunda y peligrosa por el retroceso, y la manipulación partidaria. El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo han erradicado el enfoque de derechos humanos y de género para sustituirlo por moral cristiana, abstinencia obligatoria y propaganda gubernamental a favor del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En los textos escolares y en las aulas de clase desapareció cómo enseñar a las niñas y adolescentes a evitar y saber responder ante la violencia de género ya sea en la escuela, en sus hogares o relaciones personales. Y normalizar el hablar de sexualidad está anulado.

  Imponen  “cultura de paz” en textos escolares

La investigación de Galería News y La Sala, Mujeres en la Redacción realizada a partir del análisis del material didáctico desde Educación Inicial hasta Secundaria demuestra que el régimen Ortega Murillo desmanteló del sistema educativo nicaragüense los marcos conceptuales que permitían a la juventud entender la violencia contra la mujer y la intrafamiliar como un problema estructural de poder. 

En su lugar, el régimen impuso un discurso centrado en la «convivencia armoniosa», la «Cultura de Paz» y la devoción hacia las instituciones policiales.

Para contrastar el discurso gubernamental con la práctica pedagógica real, se revisó  la serie completa de cartillas escolares «La educación de la sexualidad en el sistema educativo nacional«, abarcando desde la Educación Inicial (Preescolar) hasta los niveles de Primaria y Secundaria. 

La revisión detallada de las cartillas permitió evaluar el contenido técnico impartido, rastrear si es acorde con el marco de derechos humanos y verificar de qué manera el oficialismo reescribió la prevención de la violencia de género en las aulas de clase. En todo el Mined queda “aplazado”.

La “Chayito” ordena hablar solo de “quererse”

El impacto de esta política oficial se experimenta a diario en las aulas. En los colegios públicos el abordaje de la autonomía corporal brilla por su ausencia. 

“La maestra no habla de relaciones consentidas, jamás ha dicho que las niñas podemos decir que no a un hombre; solo dice que si son novios deben quererse”, relata “Belén”,  así llamaremos a la estudiante de 12 años de secundaria en Managua que accedió a hablar con Galería News.

Para “Belén”, el marco de protección proviene del hogar: “Mi mamá es quien me dice que tengo derecho a decir no, y que eso de querer no significa que el hombre pueda hacer lo que quiera conmigo”.

A la par de la omisión sobre los derechos de las niñas, en las escuelas el régimen del FSLN utiliza la formación escolar para el adoctrinamiento político desde la infancia temprana. 

Para “María”, -la llamaremos así para evitar identificarla- de 8 años y alumna de cuarto grado de primaria en Jinotepe, Carazo, la figura gubernamental sustituye el aprendizaje sobre la importancia de que haya equidad entre mujeres y hombres, y el autocuidado.

 “En la escuela nos dicen que la «Chayito» —en referencia a la copresidenta Rosario Murillo— es un ejemplo de lo que las mujeres deben ser. Mi maestra dice que la “Chayito” es una mujer destacada. También que en la familia lo importante es querernos, que siempre nos debemos querer y no pelear porque eso no es bueno para vivir bien”, nos cuenta “María”.

Docentes en las escuelas públicas confirman a Galería News la existencia de directrices estrictas para silenciar la violencia contra la mujer y subordinar la enseñanza al discurso partidario.

 “Tenemos prohibido hablarle a los estudiantes, sobre todo a las niñas, sobre la violencia como un problema de género. (…) Nos ordenan que todo debe reducirse a mensajes de armonía familiar, donde el partido es presentado como parte de la familia”, revela “Marielos”, profesora de primaria en el departamento de Carazo, quien pidió cambiar su nombre para evitar represalias.

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Tres etapas de un desmantelamiento ideológico

Los testimonio de la profesora “Marielos” y de las estudiantes “María” y “Belén” son reflejo de la carencia de la enseñanza que se transmite a través las cartillas escolares «La educación de la sexualidad en el sistema educativo nacional».  El régimen Ortega Murillo se asegura que la formación científica en las aulas se degrade a medida que las y los estudiantes crecen, atravesando tres etapas de un claro desmantelamiento ideológico. 

En la educación inicial o preescolar se conserva un reducto técnico donde las cartillas mantienen términos anatómicamente correctos como “pene” y “vagina”, además de dinámicas para identificar el abuso infantil mediante historias de títeres y la norma de no guardar secretos. Esta etapa preserva guías pedagógicas anteriores a 2018. 

Sin embargo, la transición hacia la educación primaria marca el paso hacia la culpa individual y la moralización. Al llegar a la etapa de la pubertad, los textos oficiales borran cualquier mención al consentimiento o a los derechos reproductivos. 

La prevención del embarazo infantil abandona el abordaje científico para sostenerse en el discurso de la abstinencia y la postergación, mientras que las situaciones de acoso escolar y conflicto se reducen a una presunta “falta de tolerancia” o “desavenencias”, sugiriendo que la violencia dentro del entorno escolar y social se resuelve únicamente mediante el perdón y la obediencia familiar.

La Policía es la “salvadora”

Al alcanzar la educación secundaria, el currículo escolar da paso al control policial y a la propaganda institucional. Aunque es en esta etapa de la adolescencia es cuando en las escuelas se abordan temas como el VIH, los métodos anticonceptivos y las relaciones de noviazgo, en el caso de Nicaragua la eliminación de las identidades de género y de la diversidad LGTBIQ+ es absoluta. 

De acuerdo a la revisión de las cartillas escolares, la violencia contra las mujeres deja de explicarse como el resultado de estructuras de poder o de género.

Por ejemplo, en textos de secundaria como la Cartilla 10 o la “Cartilla de la Mujer”, la agresión no se define como el resultado de los roles de género ni las relaciones desiguales de poder. La violencia se clasifica como una violación del Código Penal.  No hay mención sobre herramientas para identificar conductas de riesgo como el control, aislamiento o violencia psicológica.

Asimismo, la única respuesta que el Mined ofrece a las adolescentes frente al peligro es la subordinación al aparato estatal. En los capítulos sobre “Rutas de atención y denuncia”, las cartillas borran cualquier mención a redes comunitarias u organizaciones de mujeres feministas. La opción exclusiva  es la denuncia ante la Policía  y las Comisarías de la Mujer (reabiertas bajo el eslogan partidario), presentadas bajo una narrativa propagandística como los únicos “salvaguardas de la sociedad”. Incluso en las cartillas escolares se presenta a la Policía como “tutora moral” a los jóvenes.

En las cartillas escolares se enfatiza que la violencia interrumpe la “Cultura de Paz” y el “Modelo de Fe, Familia y Comunidad” que pregona a diario en sus discursos la copresidenta Murillo.

Y en lugar de enseñar a las niñas y adolescentes a defenderse de las agresiones o a tener una sexualidad responsable, lo que el régimen Ortega Murillo reproduce en los textos escolares es a “la conciliación” o “al diálogo” antes de llegar a la ruptura o a la confrontación con el agresor. 

Tampoco se le enseña a las estudiantes a romper con la violencia, más bien la narrativa de la cartilla condiciona la paz individual a la “paz del hogar y de la comunidad”, culpabilizando a quien “rompe la armonía”.

Incluso, en la Cartilla 3 de Educación Secundaria: «Sexo, género y diversidad» para 7mo, 8vo y 9no grado de secundaria, se aborda superficialmente la identidad sexual, pero presenta deficiencias conceptuales, metodológicas y de derechos al compararla con los estándares internacionales de Educación Integral de la Sexualidad (EIS). El texto recurre a llamados morales de «respeto al prójimo», pero invisibilizar las identidades LGTBIQ+ , de esta forma en la cartilla se despoja al estudiantado de herramientas científicas para comprender la diversidad en el entorno escolar.

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Se niegan a ser evaluados 

A la opacidad en los contenidos de los textos sobre sexualidad se suma el apagón de datos sobre la calidad educativa del régimen sandinista. Nicaragua volvió a quedar  fuera del Informe PISA  (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), al rehusar participar en estas evaluaciones independientes que miden el rendimiento en lectura, matemáticas y ciencias a nivel global. 

Mientras el Ministerio de Educación reporta con frecuencia cifras sobre cobertura e infraestructura escolar, el régimen mantiene un hermetismo total sobre los niveles reales de aprendizaje del 1,8 millones de estudiantes, que aseguran hay en el ciclo lectivo 2026.

La propaganda como sustituto de la protección

Al sustituir la enseñanza en base a evidencia científica por el dogma moralista, el Ministerio de Educación sandinista anula los principios de las Orientaciones Técnicas de la UNESCO, las cuales exigen que la Educación Integral en Sexualidad (EIS) “sea objetiva, rigurosa y enfocada en los derechos humanos”.

Asimismo, la política curricular de Nicaragua incumple el artículo 10 de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), que obliga a los Estados a erradicar los estereotipos de género en los textos escolares. En lugar de desmontar estas brechas, el Mined las refuerza al promover discursos de subordinación y la llamada «complementariedad» tradicional entre hombres y mujeres.

* Este reportaje ha sido producido en el marco de la beca de producción periodística La Sala: Mujeres en la Redacción, con el financiamiento de Vikes (Fundación Finlandesa para los Medios y el Desarrollo), una iniciativa que busca fortalecer el periodismo independiente, crítico y de investigación, así como promover la participación, el liderazgo y la proyección de las mujeres periodistas, mediante acciones de influencia e impacto que contribuyan a visibilizar y posicionar sus voces como referentes del periodismo, la investigación y la opinión pública.