La historia política de Daniel Ortega está plagada de infortunios. En 1975, por ejemplo, Carlos Fonseca lo expulsó del Frente Sandinista de Liberación Nacional junto a su hermano Humberto Ortega, por considerarlos “divisionistas”. A pesar de ello y de muchas tretas políticas entre los liderazgos sandinistas, en 1979 fue impuesto como Coordinador de la Junta de Gobierno.
Un poder que por más de 40 años ha sostenido a través de la fuerza militar y la manipulación de la “imposición” para mantenerse a flote, nunca ha ganado elecciones democráticas sin que la treta y el engaño lo acompañen. Un esfuerzo constante que se ve en su rostro tenso, de risas fingidas, tristes y nerviosas.
25 de abril de 1990: Violeta Barrios de Chamorro da inicio a las derrotas electorales de Daniel Ortega frente a la democracia. Y lo inicia en el camino de un eterno perdedor electoral.
Las elecciones de 1990 pusieron fin a la polémica «Revolución Sandinista» con la victoria de la Unión Nacional Opositora, que obtuvo el 55% de los votos, ganando mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Una histórica participación electoral del 86%. A pesar de la campaña electoral del sandinismo Daniel Ortega fue arrasado en las urnas electorales demostrando que no era un candidato viable para el país.
2da. derrota
1996: Daniel Ortega pierde elecciones frente a Arnoldo Alemán que junto al partido Liberal se impuso con el 51.99% de los votos .
Daniel Ortega, perdió su tercera elección presidencial ante una aplastante victoria de Enrique Bolaños Geyer, del Partido Liberal Constitucionalista, quien obtuvo el 56% de los votos y dominó el legislativo con una mayoría absoluta de 49 escaños. La participación electoral fue del 73%
Después de 16 años intentando regresar a la presidencia, Ortega lo logró en las elecciones de noviembre de 2006
Arnoldo Alemán, líder del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), acuerda con Ortega bajar el piso electoral, de 45% a 35% de votos como mayoría para llegar a la presidencia. Un cambio en la Ley Electoral que le regala la presidencia.
Tras el pacto, quedó definido que en Nicaragua gana la presidencia aquel candidato que obtenga el 40% de los votos en primera vuelta o bien con el 35% si hay una diferencia de al menos 5% sobre el segundo lugar. Una reforma hecha a la medidad de un Daniel Ortega que se le dificultaba sobrepasar el 35% de votos.