Katherine, la lucha por mi identidad

En Nicaragua, la adolescencia para las niñas transexuales es una infinita cadena de luchas que inicia en el seno familiar y las enfrenta diariamente con la discriminación, el abandono, el miedo y la soledad.

Por Yahoska Blandón

Managua, Nicaragua.- Al mencionar el año 2018 en Nicaragua, el imaginario colectivo de la ciudadanía se remonta a los recuerdos de las protestas cívicas anti gobierno iniciadas en abril, entonces se recuerdan las violencias policiales y para militares en contra de la ciudadanía protestante, el abuso de poder estatal y las dolorosas masacres perpetradas por grupos armados pro gobierno al mando del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.

Sin embargo, 2018 marca otro tipo de luchas difíciles en la colectividad individual de una diversidad importante de jóvenes nicaragüenses, tal es el caso de Kathering Gutiérrez, una adolescente transexual que al cumplir 15 años de edad se llenó de valor para confesarle a su madre su verdad y gran necesidad “destruir al hombre biológico que la encadenaba al cuerpo que rechazaba y dar vida a la mujer que desea ser” una necesidad que no encontró cabida en la mente de su madre y que Katherine descubrió cuando tenía cinco años de edad y se escondía en el cuarto para jugar con los tacones y vestidos de su mamá. 

Sin saberlo, la pequeña descubrió en el travestismo el placer y la  fascinación por todos los objetos que le identificaran como niña.  

“Yo tenía mucho miedo al rechazo y para mi desgracia no me equivoqué”, recuerda Kathering mientras su mirada se apaga al hablar de la inestable relación que mantiene con su madre desde el momento que le expresó su identidad y preferencia sexual, una realidad  que hasta la fecha su madre sigue sin aceptar porque según la adolescente “no lo comprende”.

“Mi mamá dice que ella parió un varón, no una mujer. Me juró que no me iba a aceptar porque mi conducta ante los ojos de Dios es pecado. Su reacción me sigue afectando profundamente y creo que viviré con ello hasta el día que me muera”, señala la joven hoy con 17 años de edad.

Kathering se ha negado a seguir escondiendo su secreto y rompió los siete candados que su madre intentó ponerle para no mostrar a su entorno la mujer en la que desea convertirse. Casi tres años después de su confesión su madre la corrió de la casa.

Una decisión que según la joven, pudo haber sido influenciada por su padrastro pues también rechaza su preferencia sexual. “Cuando yo estaba chiquito me llevaba bien con mi padrastro. Cuando se enteró que soy transexual me odia” afirma Kathering.

Desde entonces, las transformaciones, desilusiones y añoranzas le acompañan día con día en un camino que a veces siente recorrer en solitario. FOTO

Al salir de su casa, Kathering recibió el apoyo de sus abuelos, y a pesar de sus avanzadas edades han respaldado su decisión, aunque ella misma señala no estar desligada totalmente de los estigmas de la discriminación, pues aún prefiere realizar las transformaciones de su vestuario en casas de amigas como una forma de guardar respeto a la casa de su abuela de 61 años de edad y abuelo de 84.

Para esta joven tres años de asumirse como una  joven mujer trans han sido un siglo, y para sostenerse tuvo que asumir todas las responsabilidad que representa no contar con el apoyo materno, Kathering, estudia los días sábado para finalizar el quinto año de secundaria mientras trabaja los días de semana, se ha convertido en una comerciante y usa las redes sociales para vender prendas y accesorios para mujeres. Así mantiene su independencia económica.

Kathering no es distinta de muchas otras jóvenes trans, sin embargo, la madurez con la que intenta enfrentar su realidad le permite abrirse paso y ocupar todos los espacios posibles para hacerse notar, recientemente fue coronada como  Miss Teen Gay Tipitapa y ya se prepara para participar en uno de los eventos LGBT más importante a nivel nacional Miss Teen Gay Nicaragua para ello estudia pasarela y oratoria; si logra llegar a las finales estará más cerca de alcanzar su sueño de convertirse en mujer y poder realizarse la primera operación hacía la transexualidad: implantes de mama.

Kathering «Miss Teen Gay 2021 Tipitapa» | Archivo Personal Kathering

Una adolescencia en vulnerabilidad

Kathering es pequeña, su baja estatura la hace ver un poco menuda, tiene una dulce y suave sonrisa, sus ojos oscuros aún expresan el candor de la adolescencia, todavía preserva mucha ternura en sus gestos faciales y sencillez en el manejo de su manos, gestos frecuentes en los y las adolescentes de su edad, sin embargo, no deja de ser distinta a su congéneres, el abandono materno, la discriminación social y el estigma la ubican como una adolescente vulnerable.

La joven cuenta que a diario recibe decenas de propuesta de “señores” que a través de las redes sociales le destacan su belleza y  juventud. Ella se limita a coquetear. Tiene amigas sexo servidoras y aunque no comparte las  mismas prácticas, prefiere no cuestionarlas, pero está clara que prostitución y drogas componen muchas de las ofertas que recibe frecuentemente por su condición de joven trans, pero Katherine es firme al señalar  que “eso no le gusta”.

El psicólogo Erick Jarquín explica que el prejuicio, el estigma y la discriminación se han impuesto en la sociedad a través de los sistemas patriarcales, de cultura, tradición y cuando existen alteraciones de identidad de género automáticamente las personas asocian a las personas trans con la acción de prostitución.

El especialista aclara que no siempre es así. “Hay personas que han cambiado de género y no cometen prostitución. Algunos hasta tienen su pareja y familia dentro de su mismo círculo y es su pareja oficial”. 

Jarquín, señala que a menudo las personas que se llegan a transformar están rodeadas de prejuicios, estimas y discriminación. “En ese caso si se da el trastorno de la identificación sexual porque la persona presenta una sintomatología de no querer el sexo que a ella le dio la biología. El género le dio otro, porque fue su decisión cambiarse de varón a mujer o viceversa. Ahí no hay una ninguna lesión psicológica, tampoco tienen ningún trastorno de la identificación de género, lo que existe hoy en día es el prejuicio, estigma y discriminación hacia este colectivo”.

Por su parte, Kathering, lucha en contra de las violencias que la asedian y se repite a diario que el trabajo y el esfuerzo son el camino correcto porque desea ir a la universidad y estudiar Administración Turística y Hotelera comenta a Galería News.

Posiblemente el sueño de muchos o muchas jóvenes nicaragüenses, sin embargo, para esta joven en particular se vuelve convulso cuando en paralelo enfrenta la lucha por su identidad de género y lo hace acompañada del abandono familiar.

Un abandono que Katherine todavía se niega a aceptar pues desea estar junto a su familia. “Quisiera reunirme con mi familia y estar unidos como antes. Solo pido un abrazo de mis seres amados, incluso, de los que ya no están en este mundo, pero forman parte de mi pasado y han dejado huellas imborrables en mi ser”, explica mientras el triste recuerdo de la muerte de su padre regresa a su cabeza y se apodera de su rostro.

Extraña a su padre, tan solo tenía siete años cuando falleció,  fue el momento en  que su  mamá empezó a trabajar para mantenerla a ella y a su hermana de quien adoptó el nombre. “Mi hermanita tiene autismo y aunque ahora ella tiene 22 años para mí sigue siendo una niña, se llama Katherine”.

A pesar del rechazo, madre y hermana son un anhelo constante en la vida de la joven, tan importantes como su necesidad individual de ser mujer “yo nunca me olvido de mi madre. Siempre fue una guerrera y luchó para sacarnos adelante a mi hermanita y a mí. Aunque ahora no lo entiende ni lo comprende yo sé que llegará el momento, pero por ahora tampoco es su tiempo. Me conformo con un abrazo de su parte”, afirma.

En soledad ha llorado muchas veces, la tristeza que le provoca el “rechazo” es uno de los principales motivos “elegí un camino lleno de obstáculo y estoy dispuesta a recorrerlo aunque me caiga mil veces. Me voy a levantar y seguiré viendo al frente” afirma convencida.

No se acostumbra a la discriminación que recibe a diario, dice que lo trata de entender porque generalmente, las ofensas llegan de personas que desconocen que la diversidad u orientación sexual es parte de la vida misma. “Yo mejor los ignoro y no discuto. Los comentarios agresivos llegan del desconocimiento y la ignorancia. Olvidan que como seres humanos también tenemos derechos y deberes aunque solo representemos a la minoría y no seamos aceptados“.

Activismos LGBT+ en indefensión jurídica

En Nicaragua, personas como Katherine tienen pocos canales de acceso a la justicia, en el país  aproximadamente existen 15 organizaciones que trabajan en la defensa de los derechos humanos y ciudadanos de personas LGBTI+.

La mayoría son colectivos independientes y no poseen personería jurídica o están legalmente constituidas, para algunos especialistas esto se debe a la discriminación y es que precisamente promover relaciones distintas a la heterosexual como lo estipula la Biblia y la religión se vuelve complicado en un país que aún se identifica como conservador.

Las organizaciones defensoras de los derechos de las personas LGTBI+ en Nicaragua, únicamente cuentan con el apoyo internacional para realizar su labor. Entre las más destacadas está la Asociación de Transgeneras (ANIT), Grupo Lésbico Feminista Artemisa, Grupo Lésbico Safo, Espacio de Mujeres La LLAVE, Agrupación de Mujeres Trans y Culturales (AMTC), Asociación REDTRANS Nicaragua, Iniciativa desde la Diversidad Sexual por los Derechos Humanos (IDSDH), Asociación Nuevos Horizontes, Red de Desarrollo Sostenible (RDS), Agentes de Cambio Matagalpa, entre otras.

Aunque en Nicaragua, la Procuraduría  Especial de los Derechos Humanos (PDDH), rige a la Procuradora Especial de la Diversidad Sexual, que teóricamente es la encargada de velar por los derechos de las personas LGBTI+,  en la práctica no se cumple y siguen siendo parte de las minorías marginas e invisibilizadas del país.

Ludwika Ruby Vega,  es una reconocida promotora  de los derechos de las mujeres trans con 20 años de experiencia en el tema está al frente de ANIT, desde esta organización afirma que las mujeres trans, en Nicaragua, están sujetas los 365 días del año a los prejuicios, estigmas y discriminación precisamente por ser un país donde las leyes no les protegen y  tampoco les reconoce sus derechos.

“Nosotras luchamos cada día por ser nosotras. Las que empezamos siendo adolescente, sufrimos los prejuicios, discriminación y rechazo desde la familia. Lamentablemente no todas superan esta etapa y terminan suicidándose. Nuestro combate por la discriminación es diario y no tenemos más opción que ser fuertes y valientes”, señala Ludwika.

Ella misma es un ejemplo del daño y la violencia que causa la discriminación en los cuerpos y el alma de las mujeres trans, en 2019 fue agredida por ser activista, pero ella no fue la única. Hasta junio de 2020 ya se registraban 15 casos de violencia física en contra de  mujeres trans y activistas sociales defensoras de los derechos de la comunidad LGBT+.

Una violencia que se ha extendido de la casa a la calle expandiéndose, también,  a las redes sociales. Asi, el ciber ataque y la criminalización se suman a la violencia que reciben las defensoras de los derechos humanos  de las personas LGBTI+.

Esta activista aconseja a las chicas trans enfrentar a la discriminación con educación, por lo que las pocas asociaciones existentes y especializadas en estos temas deben capacitar y empoderar a la comunidad trans en temas legales y de género para que tenga herramientas básicas que las puedan guiar en el recorrido de su nueva identidad.

“La mayoría de las trans, se van de sus casas para vestir como mujer, actuar como mujer en las calles, cargando un caparazón defensivo, por eso observamos que en la vía pública la mayoría de las veces se muestran agresivas, compulsivas y pelioneras, lo hacen porque muchas viven  expuestas al dolor del rechazo social. Ya sea que las hayan violado, golpeado o las intentaron asesinar y en el peor de los casos, los agresores lo lograron” señala la especialista.

Ludwika ser refiere al caso de “Lala” identificada bajo el nombre de  Kendra Contreras de 22 años. Asesinada de forma atróz en Somotillo, municipio de Chinandega el pasado 3 de marzo de 2021.

“Lala”  fue amarrada a un caballo mientras era arrastrada por más de 400 metros y atacada a pedradas por dos hombres quienes la agredieron hasta provocarle la muerte, un caso de justicia emblemático pues la resolución de la sentencia condeno a  Bernardo Arístides Pastrana Ochoa y Jorge Luis Mondragón  Acosta  a prisión perpetua, convirtiéndose en la primera sentencia de este tipo, desde el 19 de enero de 2021 cuando la Ley 1058 entró en vigencia.

Una sentencia única que organizaciones defensoras temen no sea una reivindicación de derechos sino una estrategia electoral que puede sumar puntos para el partido de gobierno.

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